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¿El Invisible es celíaco?

¿Alguien ha visto la película de El Invisible?

Dirán que por qué meto este tipo de cuestionamientos en un espacio especializado en Celíacos.

Pues resulta que yo no la había visto -bueno no la he visto completa- pero el primer comentario que recibí al respecto es que en una de las primeras escenas sale el chavo que protagoniza la historia con una playera que en el pecho deja leer GLUTEN FREE, ya vi la escena y la verdad me dio gusto que se comiencen a tomar este tipo de imágenes en el cine mundial, prueba de que ya nos toman en cuenta.

Lo que no entendí es el breve comentario que se hace al respecto.

Les platico la escena: sale el muchacho, se para junto a su madre, sentada en una silla, con la mesa enfrente, donde esta un plato servido con unos huevos estrellados, con una tira de tocino, simulando una carita feliz.

Ella voltea, ve al chico, lee la playera y dice, ¿que ironía no? Él inmediatamente voltea el tocino en sentido contrario para que la cara se convierta en una carita triste.

La playera de Gluten Free vuelve a salir más adelante, cuando el chico desaparece y la dan a oler a los perros para que lo rastreen en un campo, donde fue golpeado y metido a un hoyo.

Hasta donde he visto de la película (en DVD) no he detectado si el chavo es celíaco o no, ni he podido determinar porque de la IRONÍA.

¿Existimos los celíacos en el Cine? si alguien decifra el mensaje, por favor coméntenlo en este espacio para todos los que se acercan a leerlo con interés de celíaco.

Una historia con final sabroso

La revista La Nación de Argentina publica un amplio reportaje sobre la enfermedad celíaca, que por su facilidad para entender la situación, al estar redactada de forma sencilla, no quise cambiar, por lo que se las comparto, textualmente…

“Matías Peroni estudió para chef, vivió y trabajó 5 años en Estados Unidos, realizó cursos, se especializó en pastelería y de regreso a Buenos Aires, hace más de seis años, se encontró con que una sobrinita suya de un año tenía una enfermedad que hasta el momento él no conocía: celiaquía.

“El chef se sumergió en el tema, enseñó a sus padres a preparar las primeras comidas orientadas por el pediatra.

‘Algunas dolencias de familiares cercanos y propias nos llevaron a investigar y descubrir que somos una familia de celíacos –dice Peroni–.

“Transformé mi cocina en una cocina especializada para celíacos y en la actualidad hago caterings completos, distribuyo en dietéticas…

“Por ejemplo, preparo la mesa dulce de una fiesta de casamiento para 200 invitados, el novio es celíaco y quiso que todos comieran lo mismo. En mi cocina profesional sólo entran alimentos permitidos.”

Por Miriam Becker miriambecker@uolsinectis.com.ar

Existimos en la Red, que no es poco

Una más de Ana Montero

Hace unos días me dijeron que quien no aparece en el Red no existe. Me parece una exageración. Pero me ha hecho pensar sobre si los celiacos existimos en Internet. Si introducís la palabra celiacos en Google, aparecen 352.000 entradas. Si se hace lo mismo con “sin gluten”, 195.000 y con la palabra celiquía (que, por cierto, no está incluida en el Diccionario de la Real Academia), 52.000. Existimos, que no es poco.

Padecimiento celíaco o intolerancia al gluten

Padecimiento celíaco o intolerancia al gluten

Fecha: 12 de octubre del 2006
Reportero: Jessica Murillo
Fuente: Once Noticias

Las diarreas frecuentes y prolongadas por más de cuatro semanas, acompañadas de pérdida de peso pueden ser algo más que una infección estomacal crónica. Se trata del padecimiento celíaco.

Oscar Hernández, enfermo celíaco, expresó: “empecé con muchas diarreas, diarreas y diarreas, medicamento y medicamento, estudios y estudios, todo tipo de estudios de gastroenteritis me los hicieron todos, entonces no se me controlaba, y baje de peso”.

“El paciente pierde peso, puede tener calambres abdominales, se desnutre, entra en un estado de desnutrición que es una de las complicaciones, hay gente en la que sólo se manifiesta con anemia y en los niños se manifiesta con que no crecen tienen retraso en el crecimiento”, explicó el gastroenterólogo Eduardo Cerda.

Ser un enfermo celíaco es ser intolerante al gluten, una proteína que se encuentra en los cereales.

Alberto Zúñiga, nutriólogo, comentó: “en los cereales, en la mayor parte de los cereales exceptuando sólo el arroz está esta proteína en mayor o menor cantidad, en donde más hay es en el trigo, pero hay gluten en el centeno, en la cebada, en el arroz, digo, en el avena, en la soya, todos esos granos”.

El síntoma principal es la diarrea debido a que la intolerancia a esta proteína daña el intestino.

“Provoca un daño a la mucosa del duodeno, esa mucosa imagine que es como si fuera una toalla con vellitos o un árbol con raíces y dichos vellitos o raíces se dañan dejan de absorber lo que uno ingiere y entonces los nutrientes se pierden y pasan de largo”, indicó Cerda.

La enfermedad celíaca puede ser fácilmente confundida con gastroenteritis o algún otro padecimiento, por lo que suele diagnosticarse erróneamente. También se asocia con la depresión debido a que tiene un impacto en la calidad de vida de las personas que la padecen. Ellos se sienten aislados.

“Nosotros por naturaleza somos sociales, entonces si tú te vas a un restaurante por mucho que tú le digas al mesero o te vayas a la cocina y le digas, lave el sartén y hágame mi pechuga si ya le echaron la salsa inglesa, ya con eso ya no pudiste comerlo”, señaló Oscar Hernández.

Esta enfermedad puede ser controlada con una dieta libre de gluten, lo que podría parecer imposible, ya que gran parte de los alimentos de la dieta mexicana contienen la proteína. Sin embargo, algunas empresas fabrican productos para celíacos, aunque ciertamente son pocas, pues los insumos tienen que someterse a varios análisis que aseguren que el producto final está libre de gluten.

Martha Juárez, directora de Delicias para celíacos, apuntó: “el primero es cualitativo, determina si hay y el segundo es cuantitativo, ¿qué tanto hay? Entonces estas pruebas son de hecho llegamos a ellas por parte de la Universidad de Nevada. Para que un producto sea libre de gluten tiene que tener máximo 20 partes por millón de gluten, eso automáticamente se considera que no tiene gluten”.

Se calcula que en México uno de cada cien mexicanos padece esta enfermedad, pero debido a que es subdiagnosticada por los especialistas, se detecta cuando ya se provocaron efectos que bien podrían prevenirse.

La incursión al medio periodístico

por Óscar Hernández H.

octubre de 2006

Rodrigo llegó a la redacción del periódico, allá por los años 80’s. Se presentó con el jefe de información, según le habían recomendado. Le dijo que era estudiante de periodismo y que quería comenzar a trabajar en el medio; quería combinar la experiencia con el estudio.
El jefe de información, ese hombre casi siempre imaginado como un señor con puro, grandes bigotes, sin corbata, con aliento alcohólico, mal encarado y con un genio del demonio, porque así nos lo presentan en las películas novelescas del periodismo, no era otro que más que un joven, solo unos años más grandes que Rodrigo, lejos de aquella descripción surrealista; volteó a verlo, bajo la vista y continúo con su trabajo.
Alzó la voz, más no la mirada y cuestionó: ¿así es que quieres trabajar en este diario?
Rodrigo asistió con la cabeza y escuchó lo que Julio, el jefe de información, le pedía.
Bien, pero antes hazme un favor. No te ofendas. Pero ¿me puedes ir a comprar unos cigarrillos?
Rodrigo, con signos de interrogación en los ojos, pero temeroso de que sin se negaba a hacer el favor podría cerrarse las puertas del diario, aceptó. Tomó el dinero y salió del edificio a traer el contaminante encargo.
Minutos después regresó a la redacción, subió al tercer piso del edificio de Bucareli… ya Julio lo esperaba.
Aquí están señor, dijo al entregar la cajetilla del vicio.
Sin pensarlo, Rodrigo había regresado para enfrentar su primera prueba periodística.
Julio le dijo, ahora dime que viste.
Qué vi de qué señor? Preguntó Rodrigo.
Sí, que viste en tu camino, ahora que saliste a comprarme estos cigarrillos.
Nada, señor, respondió nuevamente Rodrigo.
Discúlpame muchacho, pero no sirves para reportero.
Contrariado, Rodrigo cuestionó a Julio. Pero señor, si ni siquiera me ha hecho prueba alguna para que me diga que no sirvo como reportero.
Perdóname hijo, dijo Julio con acento paternalista, pero acabas de hacer la prueba más simple que se le puede hacer a un aspirante a periodista… Los periodistas siempre debe estar alertas a todo lo que pasa en su entorno, a todo lo que sucede frente a sus ojos y todo lo que oyen a su rededor y tú, simplemente no viste, no oíste ni percibiste nada. ¿Oh no fue esa tu respuesta?
Lo cigarrillos no me hacen falta, le insistió el jefe informativo, al tiempo en que le enseñaba el cajón debajo de su escritorio, donde había por lo menos tres cajetillas de cigarrillos sin abrir. Fue simplemente una acción para probar si realmente tienes aptitudes para este oficio.
Rodrigo, nervioso, insistió, déme otra oportunidad señor, le voy a demostrar que sí tengo vocación para esto.
Julio, al ver la actitud impetuosa del muchacho, aceptó. Le pidió regresara al día siguiente, a las 10 de la mañana y le dio una orden de trabajo.
Hay una comida en la Hacienda de los Morales. Va el Presidente de la República. Asiste el Gabinete en pleno. Tráeme entrevistas con los secretarios de Estado.
Rodrigo, novato en el asunto, recordó que eso no se lo habían enseñado en la Escuela. Preguntó ¿y sobre qué tema los entrevisto, señor?
¡Por fin!, eres o no reportero? ¿O quieres que yo vaya a hacer las entrevistas? Contestó el dulce jefe de información.
Rodrigo, dio media vuelta y salió de la redacción. Bajó el elevador pensativo y se encaminó al café más próximo. Preguntó donde estaba la Hacienda de los Morales. Hizo tiempo, se tomó una taza de este elixir y más tarde se trasladó a la zona de Polanco.
Arribó temprano. Vio los preparativos del lugar a cargo del Estado Mayor Presidencial.
Llegada la hora se preparó para ingresar al lugar.
Fue frenado en su intento en la puerta e interrogado sobre su destino.
Voy a la comida con el señor Presidente, vengo del Periódico Diálogos, dijo.
¿Y tu gafete? Preguntó el guardia en turno.
¿Cuál gafete?, cuestionó a su vez Rodrigo.
Pues el de prensa, aclaró el trajeado hombre, con corte casquete corto, al estilo militar.
¿Y ese quien me lo da?, interrogó el desconcertado aspirante a periodista.
Ese señor que está allá, el gordito de traje azul, contestó.
Rodrigo llegó con el mencionado individuo, nada cortés, por cierto, y le comentó lo que en el diario le había encargado el Jefe de Información.
Le solicitó una identificación del periódico, la cual, obviamente no traía consigo Rodrigo, porque aún no era empleado del mismo. Le comentó que estaba haciendo su prueba para ingresar a trabajar allí, lo cual pareció no importarle mucho a este sujeto, que después supo Rodrigo, era uno de los enviados del área de Comunicación Social de Presidencia de la República.
Este individuo le pidió a Rodrigo aguantar un rato y hacerse a un lado mientras tanto; tiempo que valió al muchacho para encontrarse con un amigo, que sí era reportero y conocía a la gente en cuestión, así como a los secretarios de Estado.
Rodrigo lo cuestionó sobre quien era el mejor para la entrevista y sobre qué tema. El Reportero le sugirió a uno de ellos y el tema a tratar.
Una vez conseguido el boleto de acceso; ese engomado tan codiciado en los eventos presidenciales, ingresó al salón y al primero que buscó fue a su colega periodista. Lo ubicó en una de las mesas de prensa y, con toda la pena del mundo –porque tampoco eso lo había aprendido en la escuela- preguntó quien era el Secretario que le había sugerido.
Desde lejos lo vislumbró, lo situó en la mesa de honor y no quitó su mira de encima.
El evento terminó, se levantaron todos de las mesas y comenzó la cacería de entrevistados. Todos los representantes de los medios de comunicación se fueron sobre uno y otro de los funcionarios.
Rodrigo, cual águila sobre su presa. Siguió al sugerido. Libró unas mesas. Se acercó y empuño su grabadora, la apuntó y la acercó al mencionado Secretario. Le soltó una pregunta sobre el tema indicado y recibió por respuesta un no voy hacer a declaraciones en este momento.
El mundo se le vino encima a Rodrigo. Se preguntó a sí mismo ¿y ahora?
Volteó hacia todos lados y vio pequeños círculos formados por varios reporteros en activo, quienes metían sus grabadoras. Rodrigo hizo lo propio una y otra vez.
Salió contento, airoso, ¡feliz! Traía por lo menos cinco entrevistas grabadas. ¡Ya la hice!, pensó.
Salió inmediatamente hacia el centro, hacia Bucareli. Llegó a la redacción. Habló con el jefe de información y le comentó sobre el tesoro que guardaba en su aparato electrónico.
Éste le dijo que hiciera unas notas sobre lo que habían dicho los funcionarios y se las entregara.
Ocupó una máquina que nadie usaba, preparó sus cosas y pulso el play de la grabadora…
¡No había nada!