Vivimos en una sociedad enferma del narco

El Chapo perfil

Javier Valdez, fundador de Río Doce, uno de los medios periodísticos más respetados del estado de Sinaloa, dice a Carmen Aristegui “vivimos en una sociedad enferma del narco, el narco es tu vecino, compañero en la escuela, ellos deciden quien vive o muere”. Habla de la marcha que se realizó la tarde-noche de este miércoles en tres ciudades de Sinaloa y manifiesta en referencia a algunos de los mensajes que decían “Liberen al Chapo, no queremos otra guerra”, que “es amenaza y una situación muy real ‘El Cártel de Sinaloa’ sigue apostándole a negociar”.

Y es que como sabemos, ayer por la tarde se realizaron tres marchas, en Culiacán, Guamúchil y Mocorito, en apoyo al líder del cártel de Sinaloa. Gente vestida de blanco demandaron la libertad del capo de la droga; incluso en la capital del estado se desafió a la autoridad; hubo personas que consumían mariguana, otros más corrían sus vehículos a gran velocidad y “quemaban” llantas ante los policías. En otros casos, los manifestantes se hicieron acompañar de por lo menos cinco bandas musicales que interpretaron corridos en los que la figura principal era el Chapo; recorrieron del templo de La Lomita hasta la Catedral. Algunas mujeres y niños vestían playeras blancas con el número 701 al frente, en referencia al lugar que Guzmán Loera ocupa en la lista de los multimillonarios de la revista Forbes y con la leyenda “No a la extradición” en la espalda. Con botes de cerveza en la mano y cigarros de mariguana, algunos, caminaron lanzando consignas a autoridades y de apoyo al narcotraficante. “’El Chapo’ defensor y protector del pueblo, exigimos su liberación”, “ONU que el Gobierno Mexicano respete los derechos humanos”, “Arriba ‘El Chapo’”, “Te quiero Chapo”, “Liberen al Chapo”, “hazme un hijo Chapo”, se leía en cartulinas y lonas. Con las bandas entonando “El Sinaloense” el contingente partió por la Avenida Obregón minutos después de las 18:00 horas, bloqueando la circulación vehicular. Durante el trayecto, desde vehículos, se repartían botellas con agua y tamales. Hoy ya circulan llamados a una nueva concentración para el próximo sábado, pero ésta es para la “Dignificación de Sinaloa”. La gente quiere demostrar que no todo es narco en Sinaloa y que “hay más gente buena que mala” en la entidad.

Y es que como no crear ese ambiente en torno a la figura del líder de unas de las organizaciones más destacadas en todo el mundo, con ramificaciones en centro y sudamérica, en Europa, Asia, África y hasta Australia. Como no hablar de quien fincó su encumbramiento tras la detención de quien fuera su ‘padrino’. “Cuando Félix Gallardo es arrestado  y de desencadena la carrera por su herencia  –cuenta Roberto Saviano en su libro CeroCeroCero… — el Chapo decide permanecer fiel a su mentor. Actúa metódicamente, sin hacer alarde de poder. Junto a él quiere a parientes, quieren que sen los lazos de sangre los que constituyan su armadura. Para todos los demás la regla es una: quien se equivoca lo paga con su vida. Se traslada a Guadalajara, fuera de Sinaloa, en la misma metrópoli que había sido la residencia del Padrino, mientras que su organización tienen la base en Agua Prieta, una pequeña ciudad de Sonora, que resulta cómoda justamente porque es la frontera con Estados Unidos. Es una elección que habla por si sola: de ese modo el Chapo permanece en la sombra, y en la sombra gobierna un imperio que crece desmesuradamente. Cuando viaja lo hace de incógnito”.

“Mucho se ha hablado de que una de sus grandes fortalezas para escapar de las autoridades fueron los túneles, subterráneos y desde aquel entonces lo había mostrado así. En 1993 se descubre el primero de ellos, “un túnel todavía no completado, de casi 450 metros de largo y excavado a 20 de profundidad, que debía conectar Tijuana con San Diego.”

“Sin duda, uno de los eventos que marcaron la vida del Chapo, fue aquel atentado contra su vida en el aeropuerto internacional de la ciudad de Guadalajara. “el 24 de mayo de 1993 el cártel rival de Tijuana recluta a algunos sicarios de confianza para golpear en el corazón al cártel de Sinaloa. Ese día en el aeropuerto de Guadalajara se espera a dos viajeros de excepción: el Chapo Guzmán y el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, que como arzobispo de la ciudad ha arremetido con tenacidad contra el poder de las narcos. Los matones saben que el Chapo viaja en un Mercury Grand Marquis blanco, un imperativo de moda para los barones de la droga. También el prelado viaja en un Mercury Grand Marquis blanco. Los sicarios de Tijuana empiezan a disparar contra el que creen que es el coche del capo de Sinaloa, algunos hombres –quizá guardaespaldas del Chapo– responden al fuego. En un instante el aparcamiento del aeropuerto se convierte en un infierno. El tiroteo deja en el suelo siete muertos, entre ellos el Cardenal Posadas Ocampo, mientras que el Chapo se salva y logra escapar, ileso, tranquilo, del aparcamiento de la terminal.”

“El 9 de junio de 1993 el Chapo es detenido. La cárcel de máxima seguridad de Puente Grande, a donde le trasladan en 1995, se transforma poco a poco en la nueva base desde la que seguirá dirigiendo sus negocios. Ocho años más tarde, sin embargo, el Chapo ya no podrá permitirse seguir entre las rejas: el Tribunal Supremo aprueba una ley que hace mucho más sencilla la extradición a las cárceles estadounidenses de los mexicanos con cargos pendientes al otro lado de la frontera. El traslado a una penitenciaría norteamericana significaría el final de todo. El Chapo elige entonces la tarde del 19 de enero de 2001. Está programada la visita de una delegación de altos funcionarios mexicanos decidida a poner fin a la degeneración de la cárcel. El Chapo no se preocupa: desde hace tiempo ha organizado su fuga a base dinero para corromper a los guardias. Es uno de ellos –Francisco Camberos Rivera, llamado ‘El Chito’– el qe abre la celda y lo oculta dentro del carro de la ropa sucia. Atraviesan pasillos sin vigilancia y puertas electrónicas abiertas de par en par. Llegan hasta el aparcamientoi interior donde solo hay un hombre de guardia. El chapo salta fuera del carro y se mete al maletero de un Chevrolet Monte Carlo. El Chito lo pone en marcha y lo conduce hacia la libertad.”

A este respecto hay una versión distinta, poco conocida y mucho menos tomada en cuenta por autoridades y narradores de esta historia. Esta otra versión la cuenta Anabel Hernández en su libro ‘Los Señores del Narco‘ :

“Lo que realmente ocurrió esa noche (19 de enero de 2001) es que a las 21.30 horas, el Chapo, (Jaime Leonardo) Valencia y (Mario) Vázquez Méndez llevaban cargando un colchón doblado a la mitad y una sábana blanca de las que usan los internos para dormir. El guardia Antonio Díaz Hernández los observó e intrigado por su comportamiento los siguió sigilosamente. Los tres presos entraron el cubículo médico, donde habitualmente despachaba el doctor Velázquez; el acceso a esa área localizada a un lado de la ropería cerca de la salida del penal, estaba prohibida para los internos. A un lado de la puerta dejaron el tercer carro de lavandería. Cuando Díaz Hernández fue llamado a declarar ante el Ministerio Público sobre el caso de la fuga de El Chapo, testificó que vio a Guzmán Loera a esa hora y que era imposible que el capo hubiera podido llegar caminando hasta ahí desde el módulo. Afirmó que la única forma en que pudo haber salido hasta el cúbiculo médico fue a través del carro de lavandería. ‘Seguramente utilizó el colchón  para amortiguar el brincoteo del carro y hacer menos ruido’ afirmó el guardia.

“Después de unos segundos, Valencia Fontes y Vázquez Méndez abandonaron el cubículo; Guzmán Poera no salió. Díaz Hernández se escurrió por la puerta del cubículo de seguridad y observó que los acompañantes de El Chapo se quedaron en la entrada del área médica y montaron una especie de vigilancia para que nadie pasara. El guardia permaneció sentado  en el cubículo de seguridad desde donde veía la entrada del área médica. Su turno en esa sección terminó a las 21.55 horas y el siguiente lo cumpliría en el módulo 7. Cuando se fue del cubículo de seguridad, aún estaban Valencia Fontes y Vázquez Méndez haciendo guardia. A esa misma hora Jesús Vizcaíno Medina, Juan José Pérez  Díaz y Miguel Ángel Leal Amador se dirigieron al dormitorio a cumplir con la instrucción de reubicar a Guzmán Loera en el Centro de Observación y Clasificación, pero no lo encontraron. Estaba en el área médica, donde a nadie se le ocurrió buscar, de acuerdo con las declaraciones.”