Con escribir no vamos a cambiar el mundo: M. Vargas Llosa

Un encuentro de dos grandes de la literatura, momentos en que ellos mismos dijeron se robaron dichos que el otro pensaba, pero que al final fue una muestra de enseñanza literaria y en los que ambos coincidieron al afirmar que la lectura engrandece a los pueblos, modifica actitudes, pero, como dijera David Grossman, no se asocia con la Revolución Social, porque quien piense que con la literatura cambiará al mundo está siendo arrogante, agregaría Vargas Llosa.

Dos horas de charla, mediada por el también escritor Juan Cruz, quien en momentos tuvo que ser corregido sarcásticamente por Grossman, por llamarlo escritor que esconde la pena.  No soy, dijo,  el escritor que se fuga, por el contrario escribo siempre con “E” mayúscula, con “E” de estar.

La única libertad que tiene el escritor, agregó, es escribir su propia tragedia, con su propia escritura. Los escritores somos sospechosos de las palabras, porque con frecuencia siente uno que hay discordancia en las palabras que utilizamos, por lo que revisamos, cambiamos y tenemos que seleccionar las palabras más adecuada al sentido que queremos dar a nuestro texto.

Fueron dos horas en que se habló principalmente de literatura, pero también de política; en donde Groosman diría que quiere mucho a su país, pero con una cariño extraño, divergente, contradictorio, porque no está de acuerdo con la forma en que se utilizan al ejército para tratar de llegar a la paz tan anhelada.

Pero sí, la literatura fue el tema central y no mucho se alejaron de él, tema en el que estaban inmersos decenas de personas que se de dieron cita en el auditorio Juan Rulfo de la Expo Guadalajara. Diría Grooman: uno como escritor a veces está enajenado tratando de cambiar las cosas, pero entendemos que nos enfrentamos a los aspectos  más relevantes de uno mismo, de su ser, de su cultura y de su mundo actual.

Qué afortunados somos de ser escritores –dijo el literato israelí–, de hacer de este mundo nuestro, porque nosotros le damos gusto, le damos nuestro toque íntimo a la realidad.

En su oportunidad, Mario Vargas Llosa sostendría que escribir es una cosa maravillosa, porque uno le imprime una sensación especial a los que ve. “Los escritores somos gente privilegiada porque podemos enaltecer ese don que tenemos en beneficio de nuestro lectores.

Criticó que se entienda, aún en estratos de nivel cultural alto, a la literatura como  un mero entretenimiento o una distracción, “es una insensatez  pensar que la literatura es una manera de distracción o entretenimiento, porque los escritores la entendemos como una forma de decir que el mundo está mal hecho y que requiere de cambiar.

“Si el mundo desapareciera a la literatura, explicó, el mundo sería de autómatas y si queremos que el mundo siga cambiando y derrote las fantasías, entonces la literatura, lejos de desaparecer, debe crecer.

Fue aquí cuando el escritor peruano sostuvo que la literatura no va a cambiar al mundo, “sería arrogante pensar o asociar a la literatura con la Revolución Social, con escribir no vamos a cambiar al mundo”.

Fue un encuentro de dos grandes de la literatura, ambos elogiaron la carrera literaria de su contraparte y ambos dijeron que comenzaron a escribir a muy corta edad, Grossman a los 8 años y Vargas Llosa, como dijo, le ganó, comenzó a los cinco años, incluso recordó sus primeras lecturas y por qué en ese entonces relacionaba la lectura con algo pecaminoso, razón por lo cual su madre le escondía un libro que entonces leía ella: “20 poemas de amor y una condición desesperante” de Pablo Neruda.

Vargas Llosa diría que no solo leer sino escribir es una forma de enriquecer las ilusiones. Los libros significan una vida paralela más extraordinaria que la vida humana misma.

Grossman agregaría que leer nos cambia a todos nosotros y estableció la diferencia entre leer periódicos y leer libros, lo primero, dijo nos hace partícipes de una igualdad social;  lo segundo nos adentra a una vivencia personal y nos hace partícipes de la historia misma que leemos en ese momento.